top of page

DIE SPITZ: EL ROCK RESURGE CON BOTAS TEXANAS Y DIENTES AFILADOS

Foto del escritor: Fango Producciones
Fango Producciones
23 ago
5 min de lectura

Por Gonzalo Galán


No sé bien cómo llegué. Me gustaría tener alguna anécdota azarosa, o la recomendación de alguien, pero creo que fue sólo el algoritmo haciéndolo de nuevo. Primero fue algún video, algún tema suelto y de ahí fui al disco: once pistas en treinta y cuatro minutos; guitarras eléctricas al frente, riffs, acoples y distorsiones en cantidades generosas; bases de bajo y batería precisas y bastante crudas; melodías de voz de a ratos suaves para después estallar, voces que se pudren, se quiebran en gritos bien puestos que tanto suman a las canciones al palo. La puta madre. Tuve que buscar los shows en vivo y todo lo que encontrara sobre esa banda.


Las Die Spitz tienen una influencia muy marcada de las bandas de rock de los ’90, sobre todo del grunge: hacen equilibrio entre el lado más punk de Nirvana y el más metalero de Soundgarden y Alice in Chains. También pueden remitir a Smashing Pumpkins o a PJ Harvey. La frontwoman, Eleanor Livingston, tiene algo de Courtney Love en su mejor momento, tanto en su estilo musical como en su actitud, combinando un look sensual y cuidado con un ánimo salvaje en el escenario. Toca una SG y agita una melena enrulada. Los shows tienen mucho de agite de cabezas, saltos, patadas, mosh, idas al piso y de nuevo arriba; la bajista Kate Halter hace todo eso sin dejar de sonreír en ningún momento. La otra cantante y guitarrista, Ava Schrobilgen, es quien aporta la voz más desgarrada y filosa, a tono con el desaliño de su outfit; es un complemento ideal en el binomio con Livingston. La batería de Chloe de St Aubin es prolijísima, mantiene buenas bases y ni en los momentos más ruidosos agrega un rulo o baquetazo de más. En algunos shows lleva el pelo negro, largo y con trenzas, que junto al gesto serio y los tonos apagados de la ropa le da un aire a Merlina Addams. La sorpresa llega cuando, en algunas canciones, le deja la batería a Ava para tomar la guitarra y el micrófono. La tercera voz de Die Spitz es la más dulce, sin perder por eso oscuridad.



Arrancaron en el 22 en Austin, Texas. El EP de ese año, The revenge of Evangeline, empieza con un tema que suena a Bleach y la portada bajo el agua no puede dejar de sonar a Nevermind. Además de espíritu adolescente, se huele lo que está por venir. Hay un juego interesante de voces en temas como “Going away”. Por ahora predomina el estilo nirvanero. Eligen bien el tema más melódico, “New bait”, para cerrar.


Al año siguiente llegó Teeth. Acá pisan más fuerte el acelerador en varias de las canciones, coqueteando con el metal. “Slater” es un ejemplo claro de eso, como también del salto que hay en cuanto a la composición: sin ser más largos, los temas tienen más cortes y arreglos de guitarra. Además, el final del tema engancha con el último, “Monkey song” (esta vez cierran a todo trapo). La canción más pop del EP, y quizá la mejor, es “Chug”: estrofas con melodía pegadiza y arreglos en tono menor; puente que levanta pero no tanto, manteniendo la inminencia del estallido que se demora; la voz de vuelta en las estrofas, que sube o baja de intensidad; la llegada del estribillo explosivo y la frase breve repetida como mantra hasta el final. Lo viejo y querido que, bien logrado, funciona.



En eso llegó Jack White y las fichó para su sello Third Man Records. Something to consume, el primer álbum de la banda, salió en septiembre del 25. En la primera nota de Fango abordamos la cuestión del consumo en relación a la cultura. En esa línea, pero con más ironía y acidez, puede escucharse el disco. Después del tema que va bien con su nombre, “Pop punk anthem (sorry for the delay)”, llega “Voir dire” que dice que podés tener todo lo que quieras, pero no lo que necesitás. O, para ser más preciso:


This life is a tragedy

You can get what you want  

but you'll beg for what you need


Se nota un mayor trabajo de producción en el sonido, aunque no pierde la crudeza. El bajo, que siempre tuvo mucho cuerpo, ahora es más envolvente. El estilo de la banda se consolida y suena a sí misma. Dentro de ese estilo, pueden encontrarse las distintas tendencias según quién canta: “Riding with my girls” o “Throw Yourself to the Sword” tienen los riffs más heavys y la voz de Eleanor; el rock más sucio y la voz de Ava están presentes en “American porn” o “Red40”; lo más melódico, “Voir dire” o “Punishers” es cantado por Chloe. Los temas de Eleanor suenan a ruta, los de Ava a garage y los de Chloe a madrugada en la soledad de un cuarto.



El disco cierra con “A strange moon”, una canción de atmósfera onírica. En el videoclip, la banda llega de noche a un campo, da vueltas alrededor de una olla al fuego y se convierte en figuras de plastilina, como en los viejos videos de los ’90 o comienzos de los 2000. Porque sí, las Die Spitz llegaron a conocer MTV cuando todavía era algo importante y eso se nota en sus videoclips. El de “American porn” es un diálogo directo con el de “Black hole sun” de Soundgarden, con la típica casa de clase media estadounidense, el pescado en la tabla, el tipo de las pesas, las caras enajenadas y los colores estridentes. “American porn” suma a la Miss USA y al ama de casa con un rifle en el living, mientras en el patio cuelgan prendas con manchas de sangre: la fachada del american dream y el asomo de sus perturbaciones. Entre otros guiños, también están el poster de Kafka y el de la película The Point. El video de Soundgarden termina con el agujero negro devorándolo todo y el de Die Spitz con una casa de muñecas en llamas, en un plano estático y largo con el ruido relajante de las chispas, quizá con el mismo sentido de que todo es consumido, o quizá como voluntad de ver arder esa representación. En cualquier caso, la canción y el video sintetizan el concepto del disco. La voz en las estrofas, con una melodía estirada, se escucha como si llegara desde lejos. Con la pisada de pedal y el paso al estribillo, lo gutural de esa voz puede sentirse como un grito a la cara. Hacia el final, como en otras canciones, se relega ese momento que sería para el solo de guitarra, poniendo en su lugar un corte que destaca la potencia de los instrumentos combinados. La letra en segunda persona se dirige a una mujer desde un lugar depredador/explotador:


Your health is deteriorating, but what can I do?

You know everybody here wants to fuck you


La idea cierra con esos cuerpos retorcidos que, en la portada del disco, se acercan a una boca con dientes afilados.



En la escena actual, signada por la supremacía del solista, descubrir una banda con tanta personalidad es todo un acontecimiento. Más si es una banda de rock, con una impronta tan auténtica y formada por integrantes que se diferencian bien entre sí. Es que quizá ya no vuelva a ser el género más masivo, el preferido de las nuevas generaciones o con más peso en la cultura, pero cada vez que se lo da por muerto, como un vicio que se creía dejado, como héroe a su tierra, como Chucky el muñeco maldito, el rock vuelve y vuelve con sangre. Ahora es sólo cuestión de tiempo que estas chicas de Texas se vuelvan más populares y nos tengan atentos a sus próximos pasos.



Comentarios


SUSCRÍBETE A MI NEWSLETTER

¡Gracias por tu mensaje!

  • Twitter
  • LinkedIn
  • Facebook

© 2035 Creado por Un buen negocio con Wix.com

bottom of page