SOBRE HÉROES, TUMBAS, ULTRATUMBAS Y ÉPICAS
Actualizado: 21 jul

por Gonzalo Galán
Son las nueve de la noche y camino por Luro a la altura del monumento al Libertador. Llevo frescas en la retina las imágenes de los festejos por el 2 a 1 a Inglaterra. Me pregunto cuánto tiempo pasará hasta que vuelva a ver algo parecido, si es que vuelvo a ver algo parecido. El contraste con lo que me rodea ahora es abrumador: aunque estamos en vacaciones y es el día del amigo, la calle se ve como cualquier otra noche de invierno un día de semana; poco tránsito, la gente espera en las paradas de colectivo con cara de querer llegar a casa; en los negocios casi vacíos todavía hay mucho celeste y blanco; hay silencio y lejos, muy lejos, una corneta perdida que no sé si escucho o me imagino.
Agarro por Córdoba y miro en la cartelera del cine los horarios de La Odisea. Después los comparo con otros que busco en la pantalla del celular. Como no quiero comérmela doblada, voy a tener que hacer tiempo para verla con subtítulos en otra sala de la Diagonal de los tilos. Vienen ganando terreno las funciones con doblaje. Qué se le va a hacer.
La butaca que me toca es la G 5. La G, por razones obvias, es una letra con la que estoy muy familiarizado, la que más igual me sale cuando escribo a mano. También es la G de Grecia. Y es en el canto 5 de La Odisea cuando el héroe abandona por fin la isla de Calypso. Perdón, estas son las boludeces que pienso mientras fumo en la entrada, o mientras espero a que la sala se llene por la mitad y terminen las publicidades (que por suerte se parecen menos a la bosta con la que nos bombardearon durante el mundial que a las clásicas de la televisión: mucho fármaco, servicio de salud y empresa de seguridad). No sé si ''por suerte'' es la mejor expresión. Bueno, mejor paso a la película.
Arranca bien. Resaltar los atardeceres es un acierto. Esta es la historia de un hombre que repite que lo que más quiere es volver a su patria a mirar el atardecer. Es mortal y no quiere ser otra cosa; sabe que vuelve para morir. Los anacronismos, los cambios de edades y de colores de piel me importan muy poco. Es lo esperable en una producción de Hollywood y para quejarme de eso, a esta altura, directamente no venía. Los escenarios, la fotografía, las caracterizaciones son excelentes (tampoco me esperaba otra cosa en esos aspectos). Matt Damon encarna bien a Odiseo y de acá en adelante cualquier cuestionamiento va dirigido al guion.

Repetir la escena del caballo en la playa desde distintos ángulos es un recurso del que se vale Nolan para narrar. Bien logrado. A medida que avanza la película, mientras se toma todas las licencias necesarias, toca los principales hits de la bajada de línea griega: el trato con los invitados, el quehacer con los muertos, la ira de los dioses y por qué ofenderlos es lo peor que hay. Es en las pasiones oscuras donde se mantiene más fiel al poema homérico, donde tiene más fuerza y, para mí, donde está lo mejor de la película. Me muevo en la butaca con el banquete tramposo de Circe y con el diálogo con los muertos. Las escenas de sangre son impecables. Donde va perdiendo potencia y, ni más ni menos, épica es, justo, en el desarrollo de Odiseo. Su ingenio, su astucia, su picardía se mencionan, pero se muestran poco. En la resolución de conflictos, frente al ciclope por ejemplo, no se acentúa su inventiva.

Odiseo, ese personaje narrado durante casi 3000 años, es un héroe cansado y con ciertos remordimientos. Cuando vuelve de su largo exilio, ya no es el mismo ni es la misma su patria. Ha pasado demasiado (y acá me veo tentado a compararlo con el caudillo argentino del siglo XX). Pero nunca es un guerrero culposo ni arrepentido. Y hacía el final de la película de Nolan, ya en Ítaca, da prácticamente un alegato pacifista que me deja desencajado. O al menos, esa es la impresión que me queda.
Son las 12 de la noche, llovizna en la diagonal desierta y tengo ideas encontradas sobre lo que acabo de ver. Creo que los clásicos están para volver a ellos una y otra vez, darles vueltas, reescribirlos, mirarlos desde otro punto de vista o con unos lentes nuevos. Todo autor tiene derecho a tomarlos y contarlos a su manera, aunque a otros no les guste. Nunca voy a oponerme a eso y hay covers que me gustan más que la canción original. Ahora siento que me deformaron a un personaje y no me gustó, pero puede ser que a mí se me haya pasado algo, que no haya entendido, qué sé yo. Encima, fueron más de 2 horas de corrido, sin pausa de hidratación. Voy a volver a verla cuando pueda hacerlo por internet y quizá saque alguna conclusión. Por ahora, en los próximos días, me voy a limitar a decir que está bien y que vayan a verla.



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